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Gastronomía

Poseen los ruseños un guiso que lleva como apellido, con todo el orgullo culinario, el nombre de la villa a la que pertenece: el relleno de Rus, que es antes que un plato festivo, que lo es y muy nutritivo, la bandera gastronómica donde ondea la identidad colectiva de Rus.

Pasada la Navidad, en el periodo que comienza en San Antón, el 17 de enero, pasa por La Candelaria y San Blas, el 2 y el 3 de febrero respectivamente, y concluye en el carnaval, la cultura popular ha encontrado la mejor ocasión de glorificar todo aquello que se cocina con las viandas que nos proporciona el cerdo. Es el relleno el plato más significativo de este periodo y de su entorno gastronómico, pues igual sirve para celebrar la festividad de San Blas, que para alimentarse en el carnaval, o para ser llevado hasta las mesas de la fiesta de mozos, en septiembre, cuando Rus celebra un singular carnaval al que no ha de faltarle su peculiar relleno carnavalero. El ingrediente principal de este plato no es más que la gran albóndiga que resulta de embutir en el estómago de un cerdo, o en una tripa ancha, un picadillo de productos realizados con su carne, aliñados con especias, pan rallado, huevo duro picado y perejil. Una vez cosido este albóndigón para que no se esparza su contenido, se dejará hervir en el caldo del cocido, para ser comido luego como uno de sus tradicionales vuelcos.

Y sin alejarnos mucho de las viandas porcinas, es justo dejar constancia de la fama de los chorizos que se elaboran en Rus, compañeros únicos para las tradicionales migas de pan, compartiendo cartel gastronómico con los torreznos, las sardinas arenques, las aceitunas, las uvas y el melón de invierno. De la cocina propia de agricultores se conservan las sopas de segadores, a caballo entre la sopa de ajo y el popular gazpacho, no faltando un tradicional plato de la comarca de La Loma, presente antaño en la mesa de quienes trabajaban en el campo, como es el caso de los guiñapos con liebre, plato muy extendido por toda la provincia con el nombre de andrajos, calandrajos o harapos, de inigualable sabor aromatizado con hierbabuena.

Comida única que convoca como ninguna en reuniones informales a parientes y amigos, es el “conejo al ajillo”, de gran predicamento entre los ruseños.

Propios de la Semana Santa tradicional son los “guisos de bacalao”, los “papajotes” y los “roscos fritos”. Imprescindibles en la noche de Todos los Santos son las “gachas dulces con cuscurros”, ya sean acompañadas de leche azucarada o de miel de caldera. Y en la Navidad ruseña, como en la comarca a la que pertenece, se han de preparar las “empanadillas de cabello de ángel” y los “rosquillos de vino”.